
La escuela ha sido para la Iglesia un sitio de evangelización preferente, algo que se ha hecho costumbre a lo largo de los siglos. La presencia de la Iglesia a través de tantas obras en nuestra España, ha sido y es un elemento más del paisaje que ofrece la sociedad. Tanta costumbre y tanta presencia podrían dar por sentado que su misión y tarea son claras y evidentes; su vigencia en el ser y actuar serían inconmovibles. Sin embargo, la cosa no es tan clara, las tornas han cambiado y los presupuestos ideológicos y culturales del ayer, hoy no valen. La confrontación con la sociedad secularizada y hostil al Evangelio nos afecta e interroga a maestros y profesores católicos sobre el sentido e identidad de nuestra actividad docente. ¿Qué hace que una actividad profesional como docente en un centro educativo, sea específicamente cristiana?, ¿es la adscripción a un carisma consolidado de los muchos que hay en la escuela?, ¿es una actitud y compromiso personales por ser coherente en el trabajo con la fe que profesa uno?, ¿es la participación en las actividades pastorales del colegio que sea? o, ¿es otra cosa?.
El título que encabeza y define a este artículo de opinión, pretende iniciar la solución a estos interrogantes y a otros afines, que probablemente se plantee el lector. En cualquier caso, la identidad y misión de la escuela católica de hoy, está siendo cuestionada. Asuntos como el de la Educación para la Ciudadanía con toda su carga ideológica, ponen de manifiesto que directivos, docentes y familias afectadas, quieran o no, se enfrentan a la definición de qué quieren y entienden por educar en cristiano, más aún, por llevar el Evangelio en la escuela y a través de ella. Enfrentarse con desafíos de este tipo nos ayuda a salir de nuestra comodidad y repensar qué hacemos y qué queremos. Yo diría que problemáticas como la enunciada son providenciales, porque nos incomodan y nos mueven a buscar cuál sea la voluntad de Dios en este momento histórico. “Buscad primero el reino de Dios y su justicia, y todas esas cosas se os darán por añadidura” (Mt, 6, 33)
El que suscribe estas líneas diría que en la escuela católica no nos hemos enterado todavía de que nuestro modelo de entender el trabajo y objetivos responde a una época que ya ha pasado. Una época o un tiempo marcados por una concepción cristiana de la vida, donde la sociedad occidental estaba impregnada de valores cristianos, donde la cosmovisión todavía tenía Cristo Jesús por referencia básica; era un tiempo histórico en que implícita o explícitamente se aceptaban modos y maneras de comportarse que hacían referencia a un modo de estar en la vida religioso y cristiano.
A esta sociedad y a su manera de concebir la escuela le bastaba y sobraba la “evangelización clásica”, según terminología del cardenal Joseph Ratzinger, en su alocución a los profesores de religión en Roma, en el 2000:
- “La Iglesia evangeliza siempre y nunca ha interrumpido el camino de la evangelización. Cada día celebra el misterio eucarístico, administra los sacramentos, anuncia la palabra de vida, la palabra de Dios, y se compromete en favor de la justicia y la caridad. Y esta evangelización produce fruto: da luz y alegría; da el camino de la vida a numerosas personas. Muchos otros viven, a menudo sin saberlo, de la luz y del calor resplandeciente de esta evangelización permanente. Sin embargo, existe un proceso progresivo de descristianización y de pérdida de los valores humanos esenciales, que resulta preocupante. Gran parte de la humanidad de hoy no encuentra en la evangelización permanente de la Iglesia el Evangelio, es decir, la respuesta convincente a la pregunta: ¿cómo vivir?”.- Luego continúa, - “Por eso buscamos, además de la evangelización permanente, nunca interrumpida y que no se debe interrumpir nunca, una nueva evangelización, capaz de lograr que la escuche ese mundo que no tiene acceso a la evangelización "clásica". Todos necesitan el Evangelio. El Evangelio está destinado a todos y no sólo a un grupo determinado, y por eso debemos buscar nuevos caminos para llevar el Evangelio a todos”.- (La Nueva Evangelización, Joseph Ratzinger - Congreso de catequistas y profesores de religión, Roma 2000)
Es cierto que nuestra escuela católica iniciada históricamente por S. José de Calasanz, tiene un pasado del que sentirse satisfecha, es un gran árbol que ha dado mucho fruto. Pero, siguiendo al cardenal Ratzinger, las exigencias de nuestro tiempo y de la fe misma, nos obligan a plantearnos si no será el momento de plantar de nuevo un grano de mostaza en el campo de la educación, que genere una nueva realidad, un ”locus” distinto para nuestros pequeños donde tengan la posibilidad de conocer e intimar con el Señor Jesús.
Qué sea evangelizar en la escuela en medio de una sociedad que ha cambiado básicamente respecto a la de hace décadas, es hoy un pregunta a responder desde la fe, y especialmente por aquellos que vivimos la Nueva Evangelización proclamada por Juan Pablo II y Benedicto XVI.
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José Rodrigo Vigil .
Presidente de Kyrios
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